16
Jun
09

Casos: El conflicto como arma política

ConflictoLa tarea del liderazgo responsable es evitar las posiciones irreconciliables. Nuestro gobierno parece debatirse permanentemente al filo de la ruptura y la conciliación; entre la democracia y la tiranía; dando señales de responsabilidad y a la vez de irresponsabilidad.
El presidente Morales es un político de confrontación; a partir del conflicto construye y crea (o destruye, dependiendo de la perspectiva). Su agua es la crisis; en ella se revitaliza, se alimenta y recibe vida. Es su cancha, dónde derrota a sus adversarios, hábiles en el  deporte de la lógica de pactos y de concertación, irrelevante en este juego.
Busca  y encuentra pelea, con las huelguistas cruceñas, maestros, los terratenientes, cívicos, prefectos y con quien se le ponga al frente. La pelea es su instrumento de gestión pública, generación de capital político y anulación del adversario. La pelea le da visibilidad e influencia.
Morales tiene una agenda de gobierno que gira entorno a la reivindicación de los marginados principalmente de los indígenas  y originarios.  Se ha nutrido del malestar abrumador que vivimos como resultado de la inequidad y justicia, acentuado durante los últimos cinco años, el cual ha sido el caldo de cultivo para transformar su liderazgo de sindicato en un liderazgo nacional con autoridad formal.
Dicho malestar se está agudizando, de manera generalizada y como resultado Bolivia tiende a caer en medidas extremas para restablecer la dirección y el orden: el gobierno masista está cada vez más autoritario, se está negando sistemáticamente el disenso, existe cada vez más fragmentación en grupos de identidad más pequeños y un estado de guerra por ahora “fría” de diferentes tipos (étnica, religiosa y regional).
El desafío de Morales está en saber hasta cuando mantener la crisis y cuando restaurar el orden democrático en el país. Los Bolivianos en conjunto debemos dejar de eludir el problema de conciliar nuestras diferencias y tenemos que darle significado a la confrontación. Nuestros líderes tienen la difícil tarea identificar una visión de país y ponerla en palabras lo suficientemente poderosas para generar la adhesión y la sinergia de la población para construir una nación fuerte y saludable, con futuro.
Evo y su gobierno deben permitir y asegurar que se oigan las voces disidentes, este es un tema de principio democrático básico y de perspectiva y amplitud para encarar soluciones “de verdad” incluyentes. Los dos tercios como base para las decisiones de la constituyente son la prueba ácida de su coherencia política y discursiva. Deben regular el nivel de desequilibrio y malestar social sin marginar ni discriminar. Ello probablemente  implica sufrir una metamorfosis que les permita desarrollar la habilidad de escuchar, respetar y defender los intereses del otro diferente, mientras gestionan el cambio; más aún hacerlo es cambiar su fuente de poder.
Queda esperar que el Presidente clarifique sus propios valores en la medida en la que lo está haciendo el país. El cargo determina este inevitable hecho para él y la realidad lo determina para nosotros. Es un hecho que todo cambio real es doloroso y costoso pero posible.  El problema de fondo es el rumbo,  la claridad respecto al fin; eso es identificar la visón de Bolivia  y ponerla en  palabras. Es darle significado a la confrontación evitando posiciones irreconciliables. Vía: El malavar de las ideas

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